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Messi y su Argentina: La cara sucia y fea del fútbol

PRENSAMERICA.NET
Por
Redacción
Agencia de Noticias en español.
3 minutos de lectura

Por Roberto González Short
Director General y Fundador de Prensamérica Internacional©

El fútbol mundial, ese gran espectáculo que debería encarnar los valores más nobles del deporte —ética, caballerosidad, hidalguía, juego limpio y educación— ha vuelto a fallarnos de manera estrepitosa en este reciente Mundial. Lo que presenciamos, especialmente en el comportamiento de la selección argentina y su figura máxima, Lionel Messi, no fue solo un mal ejemplo deportivo: fue una degradación pública de los principios que alguna vez hicieron del balompié un arte y una escuela de vida.

Fingir faltas con descaro, buscar la provocación constante, la violencia innecesaria y esa falta de respeto manifiesta —dando la espalda a la Copa y a los legítimos ganadores españoles— no son anécdotas. Son síntomas de un deterioro ético profundo. ¿Y cómo es posible que Lionel Messi, con ese comportamiento reiterado, siga deambulando por el mundo con el sello de UNICEF en el pecho? ¿Cómo pretende que se le quiera, respete y considere “el mejor de todos los tiempos” cuando sus acciones contradicen los valores de fair play, respeto y ejemplaridad que esa insignia representa? El favoritismo evidente de la FIFA hacia Argentina durante el torneo sólo alimenta la percepción de que el “juego bonito” ha sido sustituido por el “juego arreglado”.

Cierro con una comparación necesaria y sin anestesia: Diego Armando Maradona fue mañoso, polémico y controversial. Nadie lo niega. Pero El Diego no necesitó penales regalados ni arreglos arbitrales para lograr sus hazañas inmortales. Su genio brilló con magia pura. Del mismo modo, Pelé, negro en una época marcada por el racismo, nunca recibió regalos en un partido, mucho menos en un Mundial. Sus tres copas las conquistó con superioridad indiscutible.

Hoy, el fútbol que representa Messi y Argentina en esta final parece haber olvidado la lección más básica: la grandeza no se mendiga, no se fabrica con favores y no se impone con mala fe. Se conquista con hidalguía, respeto al rival y juego limpio. Mientras el fútbol mundial no recupere esos valores, seguirá perdiendo, no sólo partidos, sino su alma (Aunque algunos pocos sean, los que se forren siempre).

Roberto González Short.
Director General.
Prensamérica Internacional©.
San José, Costa Rica – Julio 2026.

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