En un país donde el acceso oportuno y asequible a la atención médica sigue siendo un desafío para muchas familias, la Fundación Clínicas Sin Fronteras celebra un cuarto de siglo de labor ininterrumpida. Desde su consolidación en Costa Rica, esta organización ha demostrado que es posible ofrecer servicios de calidad sin que el bolsillo sea una barrera.Fundada bajo la visión de Javier Malca Salas —quien lleva más de 36 años impulsando proyectos de atención médica y odontológica—, Clínicas Sin Fronteras nació de una necesidad concreta: acercar la salud a zonas urbanas y rurales donde las opciones eran limitadas o demasiado costosas. Lo que comenzó como una idea gestada en Perú se expandió a Costa Rica, Nicaragua y el sur de México, siempre con el mismo propósito: generar “paz social a través del acceso real a la salud”.
Hoy la Fundación cuenta con una red de clínicas distribuidas a lo largo y ancho de Costa Rica, más de 30 especialidades médicas y odontológicas, y ha atendido millones de citas a lo largo de su trayectoria. Odontología general, ortodoncia, medicina general, imágenes médicas y laboratorio clínico se encuentran entre sus servicios más demandados, todos a precios accesibles. Además, ha generado empleo directo e indirecto para cientos de familias y se ha consolidado como una alternativa confiable para quienes buscan atención integral sin cuotas iniciales elevadas ni costos prohibitivos.

Lo más destacado de estos 25 años no son solo los números, sino el modelo: un programa social que combina vocación de servicio, profesionales altamente calificados y una política de precios pensada para llegar a la mayor cantidad de personas posible, independientemente de su condición económica. En un contexto donde la salud pública enfrenta presión constante, iniciativas como esta demuestran que la colaboración entre visión empresarial y compromiso social puede marcar una diferencia tangible.

Mientras celebra este aniversario, Clínicas Sin Fronteras reafirma su compromiso de seguir expandiendo su alcance y mejorando la calidad de vida de las comunidades a las que sirve. Veinticinco años después, el mensaje sigue siendo el mismo: la salud no debería conocer fronteras.
