Volverse cotidiano

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En el proceloso trayecto de nuestras vidas, casi siempre, la inevitabilidad de algunos aconteceres nos abruman y nos sumergen en un círculo vicioso de preocupaciones e impotencia. Por ejemplo, la muerte, la vida, la enfermedad, el dolor son temas que cuando son palpables nos acompañan, incluso, en nuestros sueños. Es una actividad loable cuestionarse, preguntarse sobre el origen, el proceso de éstos y es casi imposible no sentirnos vulnerables cuando la realidad sufriente sobrepasa nuestros umbrales emocionales.

Entonces, en pos de otorgar una explicación, un sentido a aquello que parece no tener sentido, nos involucramos en un mundo de especulaciones y de ejercicios mentales para comprender lo que realmente está pasando. A veces, en un primer momento, no encontrar una explicación causa impotencia y de alguna manera nos conecta con nuestra fragilidad humana, muchas veces, hecha jirones por los sinsabores de la vida.

Entonces, es inevitable no pensar en aquello que aqueja, cada día, al ser humano. Leemos libros, buscamos información, nos sumergimos en inmensas bibliotecas tratando de encontrar una explicación, pero mientras tratamos de explicarnos, nuestra impotencia se incrementa y probablemente, la frustración parece decirnos que la vida es un ensayo frustrado. Esa así como los temas trascendentales, en la vida, se convierten en una actividad cognitiva impresionante. Cada día, nos enfrentamos a la muerte de un amigo, a la situación de algún conocido que sufre una enfermedad terminal o a la situación de un niño que mendiga cada día por las calles. Estos son temas, que muchas veces, parecen ‘carcomer’ nuestra mente y mientras obtenemos respuestas, nuevas preguntas nacen.

En todo este trayecto, útil por cierto, no podemos dejar de pensar en nosotros mismos, en nuestra tranquilidad, en nuestra ‘homeostasis’ mental y emocional y es allí donde nos preguntamos qué hacer para no sentirnos encapsulados y absorbidos por aquello que nos preocupa. De hecho, la salud mental, también significa desconectarse de la realidad, en algunos momentos. En la mayoría de lugares a los que asistimos, escuchamos diferentes temas que nos cuestionan mientras caminamos, mientras descansamos y mientras dormimos. Pero existe una dimensión que nos puede otorgar temas extraordinarios, éste estado es la cotidianidad. Por eso existe una manera de ‘desconectarse’ de los temas trascendentales y esta es: volverse cotidiano.

Roli Marín Tapia / Redactor Prensamérica-Perú

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