Dentro de mis raíces

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Por Jenny de la Fuente 

Mi mundo, no muy suave por lo cierto, dudoso de los sucesos diarios. Mis días no tenían mañanas, comenzaba a trotar después del mediodía, sin tener noción de como proceder el hoy. No es fácil mantener un orden de cosas cuando vivimos un desorden mental.

Pero bien aquí vamos. Tengo que pasar por Lolita después, y conversar con ella sobria y pausadamente. Nuevos planes, después de zambullirme dentro de todos los mapas seguir las trayectorias de cada país importante para mi, donde allí pudiésemos entendernos con la gente, y armar nuestra pequeña casa de ensueños, llena de esperanzas aunque cansada de recomenzar los comienzos divise, encontré  e investigue donde íbamos a establecernos.

¿Por qué me llevo conmigo a Lolita?

Muchas veces me lo he preguntado, es como una de esas carteras de buena piel que sin pensarlo mucho usamos diariamente, donde sin mirar adivinando lo que lleva dentro, de tanto uso se convierte en mágica, casi transparente, pero siempre necesaria, ¿que cómo era Lola?, era más alta que yo, con ojos muy grandes como de susto y Dios me ampare, un color indefinido casi verdoso como las algas era lo más sobresaliente de su rostro. Luego rodaba suavemente como marco lleno de armonía su pelo color cobre, nariz aguda y perfilada, en fin, era todo lo contrario a mi figura.

Logro salir después de vestirme con algo ligero y una suave chalina, la de por si acaso cambia el tiempo, me complació ver un cielo índigo,centelleante, en fin me hizo sentir halagada de vivir.

El pisito de Lola era confortable, tibio, como un té en las noches de gripe. Barrio un poco bohemio, extraño, con matices de película italiana antigua….

¿Qué le vamos a hacer?, cada cual vive como puede. Su puerta está entreabierta, y ‘por si acaso’ sin tocarla, grité apurada.

– Lola, apuesto que ni arreglada ni lista. Llega y me dice- «para gritar hay tiempo, pasa, saborea un helado, cálmate, el planeta gira a su tiempo».

Vamos hacia Suramérica, no te voy a decir dónde  para que no pongas quejas, es un lugar ‘muy plácido’, donde yo pueda escribir,tu puedas pintar tus mamarrachos y conocer nueva gente. Yo con las que he conocido me basta y me sobra.. borrón y cuenta nueva, eso es todo. Pero tú, en cambio, fabricándote un nuevo futuro como albañil apurado, poniendo dedicación, tiempo podrás realizarte como artista y mujer…

Lola me miró agradecida, como un perro a su amo sin preguntar nada.

De un tirón estábamos en el aeropuerto, donde todos caminan apurado con cara de ‘gente de negocios’, viejas, jóvenes, hombres, perros con sus amos.. enjaulados ellos y los perros caminando. El mundo al revés, todo se movía muy rápido como comprometido con cada final en cada perspectiva individual, ordenadamente.

Llegamos al avión, al fin Lola escogió la ventanilla, yo me dediqué a releer uno de mis libros preferidos: La caída de la Casa Usher, me lo sabía de memoria, pero nos intercomunicábamos bien, el libro me comprendía, yo a él también. Esta vez casi a los 15 minutos quedé profundamente dormida, esos sueños sin imágenes que nos da el cansancio de la vida, con sus encerronas, túneles, aventuras desdichadas…¿qué le vamos a hacer?, casi todo a mi edad estaba hecho.

Lola me sacudió el brazo, para mostrarme una bella ciudad llena de montañas, verdes como esmeraldas, colinas imponentes y sobretodo un cielo enamorado asomando a recibirnos. Habíamos llegado sanas y salvas, buen tiempo tal como lo pensé, aires diferentes, al parecer….

Resolví no se ni de que forma una bella y rústica casita, cómoda, limpia con lo necesario para pasarla bien por una temporada. Allí con el magneto del Dollar pude llegar a tener lo indispensable y algo más: Paz, un lugar, un techo acogedor ni lejos, ni cerca en medio de aquella pequeña selva, que sin ser jungla nos abrió los brazos amplios y seguros, al parecer…

Oportunamente apareció el guardián de aquellos lares. Anteriormente habíamos cambiado palabras con el vendedor de la propiedad, todo lo concerniente al pueblo y sus personajes hasta donde su memoria pintoresca pudo atrapar en el tiempo. Porsupuesto, como en toda ciudad pequeña, habían sus leyendas y realidades, vínculos eternos de sus habitantes e inspiración maravillosa.

Le decían Peneasco, viudo, sin mujer ni destino y así se quedó con ese apodo hasta hoy. Allí estaba, mirándonos con cara de ‘perro policía’, casi nos olfatea hasta preguntarnos de dónde veníamos…

Le contesté lo que me dio la gana, siempre estando segura de fotografiarle bien el rostro de amargado, su corpulenta figura, un poco abandonada, pelos revueltos donde aprecie algunas hebras mas claras. El Señor se ofreció para ayudarnos en cualquier dificultad, nos apuntó con el dedo una casucha de madera a lo lejos, al pie de la colina, colmada de espinos a sus alrededores diciéndonos: – Ahí vivo Yo, ya saben, lo que manden –  Se fue tal como llegó, y nos dispusimos a organizarlo todo, hasta la noche. Salimos al pueblito llegando a una fondita con presencia y pretensiones de restaurante’, en donde se aspiraba el aroma de comida criolla propia del país. Después de paladear un sabroso cabrito asado con viandas, quesos y pan, nos retiramos hacia nuestra ‘casa de ensueños’ hasta el día siguiente.

Al amanecer, después de tomar un café bien fuerte, de montaña, con sabor a campo y brisa de arroyo fresco, contemplé aquellos horizontes, decidí que era tiempo de hablar con Lolita de mi viaje. Despertó muy temprano como siempre, y aun sorbiendo placenteramente otra taza de café, conversamos:

– Lolita, antes de dar este viaje contacté a mi publicadora y tienen una sucursal en la Capital de la ciudad, estamos muy lejos de ella. Llevaré todo mi trabajo literario, estaré allá dos semanas lo menos. Recuerda los comentarios de los personajes del pueblo que nos hizo Chela, la dueña de ‘La Fondita’, anoche.

– No sabía que el tal Peneasco tenía su nombre no precisamente de las piedras de las colinas, era tal como se pronuncia, ¿recuerdas?

Tuve que contener la risa, aquel hombre era descriptivo de su condición, no muy limpia que digamos, pero sin embargo se rumora, poseía una gran fortuna heredada, que con otros ‘negocios’ no muy claros en los pueblos colindantes, se ensanchaba como el río en tiempo de inundación.

Nunca tuvo empleados en el pueblito, todas sus operaciones son fuera de aquí, verdaderamente, nadie sabe mucho de ello, algo turbio, torcido se oculta como nido de serpientes, dentro de espinos.

– Lolita, contesta alegremente…«somos de la capital, hemos nacido en un país poderoso, donde cada quien tiene su historia, vienen de otros países y hacen fortuna, otros no, la ruleta de la vida es así, unos invierten lo poco que tienen y se les da ‘el reventón’ de mañana son millonarios, nada me extraña amiga».

No quise abrumarla con ‘consejos de abuelita’, ahora que todas mañanas bien temprano lograba expresar con sus pinceles y sus colores extravagantes todo lo que había guardado de tiempo atrás, se estaba realizando poco a poco, yo estaba feliz, viéndola dedicada y firme,como nunca antes. Finalizando le dije:- Mira querida, puntualizando referente a eso y todos los ‘moscones’ es que tengas mucho cuidado, no conocemos profundamente a nadie en este pueblito, vinimos a trabajar, cada cual en lo suyo, no quiero sorpresitas por el bien tuyo. En la mañana debo ir a la capital del país, El New York de las Américas’, como algunos comentan, contactare mi sucursal de publicación, será un tiempo corto, no menos de dos semanas. Cuento con tu sabiduría.

Continuamos con el día como siempre, sin cambios. En la noche después de una cena breve, hice mi equipaje,dormí tranquila y aun sin despertar a Lolita, partí hacia la Capital. Chela casi madrugando me llevó en su auto hacia el  aeropuerto, allí me dejó bajo una amplia sonrisa, agitando su mano como bandera de paz.

La capital era fascinante, ciudad espectacular, luces, tiendas de renombre, hoteles, y ‘restaurantes de verdad’. Recorrí lo mejor de una calle céntrica y al fin, el chófer que desde el aeropuerto estaba prisionero de mi ansiedad, oyó mi voz.- Aquí por favor, amablemente tomo mi equipaje, no sin abonarle sus deseosos dolares que a mi entender, fueron pocos en comparación con las distancias.

Prontamente la carpeta central envió a un mozo y me indicó que mi habitación en el séptimo piso estaba lista, gracias a la eficiencia de la publicadora que en tiempo y fecha hizo posible que obtuviera una hermosa pieza. Antes de abrir mis maletas,asomé mi cuerpo en el balcón de aquella maravillosa estancia y respire profundamente abriendo mis brazos, sintiéndome realizada, este viaje era muy oportuno. Llené la jacuzzi blanca como cera sin pensarlo dos veces, ante todo agua, y más agua entre las burbujas de mi lavanda favorita, me sumergí como en una fuente fantástica, perdí las horas en mi memoria, hasta que finalmente seque mi cuerpo descansado, me dispuse a vestirme, comer algo y hacer mi cita adecuadamente. Scalpello, el editor de todas las publicaciones, me vería al atardecer, en sus oficinas, ¡qué placer ver caras diferentes!, ¡calles indistintas!, ruidos chillantes como hierro al fuego, era la capital, excitante y glamourosa como escote de mujer.

Otro taxi al vuelo y me dirijo a la publicadora, pero no imaginé que mi antiguo amigo de universidad, Arango, sería el gerente de la misma…Ya pasado algún tiempo, sin su tono atlético, transformado en un caballero bien delgado, de cabellos castaños, ojos inexpresivos detrás de espejuelos intransigentes.

Arango: ¿No te acuerdas de mí?, Blanca Uzarrieta, de la Universidad de Philadelphia, me miró suavemente como venado asombrado, recorriendo mis facciones y entresañándome cada hebra de pelo con la mirada, luego recorrió mi cuerpo,tan admirado en aquellos tiempos y ahora, aún respetado por los años, conservaba su figura, investido por un modelo gris azul impecable, rematado por mi collar preferido, sombrero de ala corta muy parisiense, guantes y cartera que era una encerrona a la billetera más llena. No obstante mis zapatos también del mismo estilo y color hacían mi figura un tanto seria, pero cautivadora.

Sí, ya recuerdo, respondió Arango, Blanca!!!, qué suerte verte y admirarte de nuevo, ¿qué te trae por aquí?, sé de tus trabajos por la prensa.

– Tengo una cita con el editor Scalpello, me traje mis trabajos para revisar y publicar, esta es la sucursal de mi publicadora habitual en Philadelphia, donde me di a conocer, mi cita es a las cuatro de la tarde. Pues casi es la hora –respondió Arango: Te deseo suerte.

Unas escaleras marmoladas en rosado con barandales del más fino diseño me esperaban y, sin llegar al final del pasillo,estaba la oficina del Sr. Scalpello, toda una imaginación de madera fina,que terminaban arriba con finas incrustaciones de otros tonos, un escritorio inmenso de diseño europeo, frente, tres butacas capitaneadas de color avellana oscuro.. cuadros de celebridades sobre una pared lateral, premios, títulos pero detrás, la pared mostraba un óleo del fundador de la publicadora, imponente y a la vez sencillo, elegante con matices y contrastes conquistando cualquier pupila experta, era una joya exquisita que daba el toque necesario al recinto.

Al entrar a modo de saludo formal, El Señor se incorpora y puedo percibir su mirada fría, sus calvicie incipiente, como de águila, que vuela sobre alturas. Extendió sus manos tibias amablemente y su rostro se iluminó, dejando ver una sonrisa cuidada, reluciente. Era bastante alto. Su porte bien definido donde su piel de color de miel y sol, sobresalía del todo. Su sortija de rubí, su manilla carisma bien trabajada,asentaban un reloj sentenciando las horas como carcelero del tiempo y guardián de sus dineros.

Al fin, Blanca.- se expresó con una voz fuerte y definida, llena de testosterona. Al fin puedo conocerla y seguramente será reconsiderarla, mis colegas saben de sus éxitos, no seré yo, el primero que no opine lo mismo de su talento. Revisaré todo cuidadosamente. Me comunicaré al hotel, disfrute de nuestra capital. Pronto concertaremos nueva entrevista.

Salí de la publicadora no sin antes despedirme del gerente, mi amigo Arango. Noé que era un lugar más nítido. Sus olores a papel impreso, repletos de libros nuevos los anaqueles, bien modernos… sus decorados, muebles de estar, las computadoras testigos inertes de libros y autores hacían de aquel sitio un encanto. Pero, después de observarlo todo, me decidí a volver al hotel para pensar, disfrutar sin prisa, extender mi mente hacia otros pensamientos, donde en mi soledad era yo mi interlocutor y mi única respuesta.

La noche comenzaba a penetrar suavemente, mi habitación se invadía de mi aroma favorita, relajadamente, me vino a la mente Lolita, de su vida y vivencias, sus ultimas reacciones frente a su renacer como pintora… ¿ Se habría enamorado al fin? Ella no era presa fácil, se aburría de la misma cara, nunca sintió verse crucificada a un mismo rostro, engatillada por las mismas manos, rodando por el mismo cuerpo sin sentir hastío,no podía aguantarlo ni dos meses. Todo para ella era un Splash!! Boom!!, algo súbito y de termino corto. Nunca se preguntó qué podrían sentir los ojos de aquellos en que reflejaba su mirada. Nunca se pregunto la sensación que experimentarían unas manos de varón, por su cuerpo, recorriendo las mas intrincadas  formas. Ni siquiera podía proveer el despertar de una pasión alterada, lujuriosa de pensamientos posesivos…definitivamente llena de drama y suspenso.

Eso era lo que más temía de ella, su frialdad definitiva, la inquietud de los hombres siempre sobrepasan la primera conquista, por naturaleza se desquician, quieren poseer, dominar y exigir la entrega absoluta. Aquella eterna exclusividad por la cual tantos pagaron alto precio y que ha forjado a grandes mujeres de la Historia, sobreponiéndose sobre la masculinidad por su sexo, la energía de la imaginación y el arte de seducir como ‘El Pavo Real’, con lo que se ve o se imagina se puede tener un mundo a los pies. Pero Lolita, era un extraño caso,nunca aspiró a ser una dominadora de corazones, habitaba en un globo fantástico sin destino.

Los días se sucedieron rápidamente. Pude disfrutar de aquella capital extenuante y agitada. Visité museos, asistí a conciertos, talleres literarios. Me englobé de cultura para almacenarla por largo tiempo. Finalmente, recibí una respuesta afirmativa sobre mi obra: Otra novela más de ficción, elaborada con agudeza sofisticada y llena de suspenso.

De regreso, hice compras para Lolita, Chela, la dueña de ‘La Fondita’ y para mí. Los dólares hacen maravillas en Suramérica y salí complacida. Dispuse todo para partir y llegué gloriosamente al aeropuerto de regreso a ‘La casa de ensueños’. Pude negociar un taxi, desde el aeropuerto hasta el pueblito donde me esperaba mi casa rustica y bonita, tibia y acogedora. Así, mientras entrábamos en interminables carreteras, me extasiaba contemplando los prados, riachuelos, aquellos árboles viejos de mirar y sobretodo, aquel cielo único de nuestros países latinos, a pesar de diferencias en latitudes…….

Sentía la ventolera, durante todo el viaje, pero de momento sobre mis brazos sentí un frío muy frió y diferente. Algo estaba en el aire que me rozaba la piel y a medida que la distancia se acortaba mi pecho empezó a palpitar sin parar. Algo no estaba bien. Necesitaba sosegarme para poder llegar y razonar o quizás resolver cualquier inesperado incidente. Preferí llegarme a ‘La Fondita’ en primera instancia, así entregaba a Chela, la dueña sus regalos de la capital. Así lo hice, salió muy ligera a recibirme, pero su rastro no estaba refulgente y rosado como otras veces.

– ¿Cómo te ha ido Chela, estás bien?, me respondió ni que sí, ni que no, observándome con una mirada gris y vaga, como casi ahogada de dolor, muy ansiosa, hasta que de pronto explotó.

– Mire Señora Blanca, este es un pueblo chiquito y de todas formas Ud. tiene que saberlo, anoche mismo hubo una desgracia grande en el pueblito. Su amiga Lolita, estaba siendo cortejada por Peneasco, que por más decir, también fue viudo y de una forma poco usual, pero bien, a lo que iba. Ya llevaba un tiempo en eso y Lolita me comentó la semana pasada, que le había prometido auspiciarla en la capital para una exposición de sus cuadros. Como siempre le advertí sobre este hombre y sus cosas, era mejor mantenerse alejada, yo siempre le vi algo peligroso, Lolita me respondió: Mire Chela, yo he vivido sola en Manhattan, Chicago y Miami, son ciudades muy peligrosas, no creo que en este pueblito de cuatro palos oculte a un asesino en serie, es más, no creo que nadie aquí sea tan malo como en otras partes, con la misma salió corriendo alegremente no sin decirme antes….«la fama tiene un precio…».

Hizo un pausa y prosiguió: Comenzó a visitar a Peneasco y ya hasta tres veces había dormido en su casa, la que esta en la colina, cerca de los espinos. Anoche, sucede que no supe de ella en tres días. Me dispuse a ir a su casa, no estaba, y no sin antes rezar una oración, salí con dos clientes donde vivía Peneasco, casi llegando a la luz de los faroles que alumbraban aquel camino, de tierra roja y pocas casas, algo sombrío se me metió en el pecho, los tres llegamos allí y tocamos la puerta casi desvencijada, sin cerrojos, semi-abierta, Peneasco estaba con los ojos  muy rojos y saltones, totalmente borracho y como drogado, la suciedad era inminente, y en una esquina resaltaban las vestimentas de Lolita.

Increpándole le pregunté: ¿Peneasco, Senor Peneasco, dónde esta Lolita, qué le ha sucedido?

Entonces me respondió: «Ella no es mala, pero de mí no se ríe nadie, no ha nacido hembra que me dé gato por liebre», seguía empinando la botella de ron sin explicarnos nada, hasta que destapando otra botella nos dice: ¿No van a tomar nada? esto no les va a gustar, hay que matizarlo con ron, para que te pase mejor por la garganta, verdad Chela? ..

Yo quedé impávida, pero uno de mis acompañantes accedió a tomarse un trago rápido, mientras miraba de lejos las vestimentas de Lolita y me animé a preguntarle de nuevo: ¿Senor Peneasco, adónde está Lolita?

Mirándome descaradamente y con risa de borracho, me dijo: Está cerca, sobre los espinos, le rompí la cara a trancazos, después le corté el cuello y lo demás lo verán si la encuentran, hace tres días que la dejé sobre los espinos.

Sin pensarlo, los tres salimos casi corriendo para ver qué podíamos hacer con Lolita. El cuadro era espantoso, maloliente, se veían  sus ojos casi salidos de las órbitas, la cara ensangrentada, el cuerpo desnudo lleno de sangre y moretones, todo hinchado, lleno de picotazos de aves del monte, un hedor y atmósfera imposible de describir, por más que le diga, no llego a poder acostumbrarme a esa visión, era un rompecabezas viviente.

Aquella historieta de terror y tristeza me consumió mi espíritu, me sentí disminuida de impotencia,no podía articular una silaba, y sin saber que hacer. Chela por fin me habló en susurro: Le voy a traer un poco de agua fría y un café cargado, bien fuerte.

Antes que pudiera moverse, le indagué: Chela, ¿quién es la Ley en este pueblito? Me miró inquisitivamente: Éso quisiera saber yo, la Policía de los dos pueblos cercanos se encargan de todo, pero este caso va a estar duro, duro de resolver.

¿Por que?, le pregunté. Mire Señora Blanca, anoche mismo fui a denunciar el caso, con mis dos testigos, hoy de mañana fueron a la casa de la colina, ni Peneasco, ni el cuerpo de Lolita, ese desgraciado huyó con la evidencia, hasta con la ropa de la muerta, sólo encontraron los pisos de la estancia chorreados de sangre, aún sobre los espinos encontraron pedazos de carne, como memorias de un cadáver descompuesto, y nada más…

Pero Chela, ¿nada más se puede hacer?

Me mira bajando su cabeza, – Senora Blanca, realmente no creo, él desapareció, no sin antes enviar dinero a los que guardan la Ley dentro de todo el circuito, como siempre ha hecho, hasta el asesinato de la Señora Anabella, fue parecido. Desapareció todo.

Chela me acompañó a mi casa, donde espero pacientemente que empaquetara todos mis enseres,para retornar a mi país, allá, donde se pagan las deudas con la Ley o con Justicia de otra forma, no dejó a Lolita, se desvaneció en las manos de un asesino más, y sólo puedo recordar sus palabras: «La fama tiene un precio».

Tiempos después todos comentan, hasta en la prensa que sobre aquellos espinos se ve de noche la silueta de un ahorcado, allí mismo se ahorcó Peneasco, como una escultura al dolor ajeno, como una estampa de su crueldad, como pájaro de mal presagio, extendiendo sus alas sobre el maldito pueblito.

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